Renacer.

by Daniel on 5 julio 2010

Miedo, incertidumbre… se van juntando hasta convertirse en terror en estado puro, y es el manjar mas exquisito que puedo encontrar. Camina despacio, encogiéndose sobre sí misma mientras avanza sin saber hacia donde.
Sus infantiles pies se arrastran inseguros puesto que nadie les dice hacia donde deben dirigirse. No entiende como ha podido aparecer en este paraje desolado. Estaba en su precioso cuarto jugando con su nueva casita de muñecas y de pronto… está en un bosque muerto caminando descalza sobre un mullido suelo de hojas putrefactas.

Comienza a ser consciente de su situación y las lágrimas no tardan en brotar lenta pero inexorablemente, formando pequeños ríos en sus tiernas mejillas. Gracias a eso noto nuevas energías, comienzo a despertarme.
Esperanza… una tenue luz comienza a arder en su corazón. Ve una casa al final de un camino que no había visto hasta ahora. Es una lástima no tener labios, ahora aparecería una sonrisa en ellos, estos pequeños momentos son los único que me divierten.
Sus juveniles pero fuertes piernas reciben órdenes de comenzar a correr hacia la casa, dejan de brotar lágrimas y la llama de la esperanza cobra fuerza en su corazón; -perfecto- el terror serán aún mayor y saciará mi hambre.
Está cerca, ve la casa mas detenidamente y sus piernas pierden vigor. El aire comienza a soplar con mas fuerza y levanta hojas muertas del suelo que rozan sus desnudas piernas, produciéndole una terrible sensación de asco.

Una vieja casa destartalada, abandonada desde hace años. Faltan tejas, las paredes están sucias por la humedad y el jardín parece una pequeña selva…. ¿Por qué ninguna se pregunta como ha aparecido una casa de tres plantas en medio de la nada?
Avanza temblorosa y choca contra la verja, una verja con detalles florales terriblemente oxidada, se extraña de no haberla visto antes pero continua. Su pequeña mano se posa con angustia sobre la herrumbre y la empuja para intentar pasar pero logra moverla. Apoya las dos manos y lo empuja con todas sus fuerzas consiguiendo abrirla de golpe, su suave piel sufre un rasguño al frotarse contra el metal levantado por el óxido, y paladeo el sabor metálico de su sangre; mientras entrañables recuerdos vuelven a mí.
Entra ansiosa en el jardín acelerando el paso para llegar a lo que cree su salvación. El aire aumenta de improviso, un fuerte vendaval está a punto de tirarla al suelo. En la casa: las contraventanas comienzan a batirse violentamente, la retorcida veleta gira bruscamente produciendo un chirrido que le taladra el cerebro. Se queda paralizada unos instantes, su cerebro es un hervidero de dudas y temores… Y eso me encanta, es la mejor parte de la cacería sin lugar a dudas.
Decidida comienza a avanzar hacia la puerta principal, las hierbas se le aferran a los tobillos pero las ignora y continúa hacia la puerta. Por fin, llega frente al portal y noto como vuelve a brotar la esperanza en ella. Me encanta esta chica, parece que no aprende y eso hace el juego mas emocionante.
Tiene un nuevo cambio: impotencia y miedo se convierten en rabia, en lugar de temor. -Adoro a esta niña-. Los cristales de las ventanas estallan y una mortífera lluvia se precipita sobre ella, la ignora y se abalanza sobre la puerta sufriendo tan solo ligeros cortes en los brazos y espalda… -esto me recuerda una libación-, su dulce sangre me rejuvenece.
La alegría sube a su punto álgido al cerrar la puerta tras de sí, nuevos ríos de lágrimas surcan sus mejillas; aunque en esta ocasión es por la emoción de sentirse a salvo. Gente, una familia, teléfono, comida… todas esas ideas cruzan su mente a velocidad de vértigo y ya se imagina en casa abrazando a sus queridos padres; aunque en el fondo no siente gran cosa por ellos. Casi me da pena sacarla de su error.
Tras la euforia inicial es consciente de su entorno irreal. Una mesa preparada para la cena en un amplio salón con la chimenea encendida, una enorme librería atestada de viejos volúmenes, una enorme lámpara repleta de velas encendidas que alumbra la estancia de un modo tenebroso… ¿En qué año estoy? ¿Esto es real o simplemente una pesadilla? Sabía que elegía bien: esta niña promete.

Recorre despacio la estancia. Lo primero que hace es dirigirse a la chimenea para coger el atizador y esgrimirlo como si se tratase de una cachiporra; es una pena la influencia de las películas baratas en estos niños. Tras dar varias vueltas por el comedor se decide a subir por las escaleras a la planta superior, sube unos pocos peldaños y se detiene a escuchar. No tiene muy claro que le atemoriza mas: percibir algún ruido o no escuchar ninguno en absoluto.

Continúa el ascenso muy lentamente, atreviéndose incluso a decir un tímido “¿hola?” No obtiene respuesta, y aumenta su ansiedad a la par que mi energía.
-¿Hola? -Pregunta una voz infantil desde lo alto de la escalera.
-¡Hola! -Exclama ella como respuesta, con el corazón a punto de salírsele del pecho por la alegría. -Me llamo Adela y estoy perdida, ¿puedes ayudarme, por favor?
-Me llamo Adela y estoy perdida, ¿puedes ayudarme, por favor? -Responde la voz que comienza a tomar forma materializándose de la nada a pocos metros de la, ahora sí, horrorizada niña.

Es idéntica a mí, piensa mi pequeña presa. Sus vestidos, rasgos e incluso movimientos y expresión de la cara… son como dos gotas de agua. Lentamente continúa materializándose mientras disminuye la intensidad de las velas y aumenta el frío de la estancia. El terror la paraliza, noto como chorrea sudor frío y se le corta la respiración; su peor pesadilla está mirándola con ojos inexpresivos, como la muerte. Que niña mas original, no he conocido a nadie mas cuyo mayor temor sea ¿un gemelo?

Ve como avanza hacia ella, flotando. Se mueve muy despacio casi de manera imperceptible, pero lo nota. Algo similar a una descarga eléctrica atraviesa su cerebro y comienza a correr. No sabe ni le importa hacia donde va, lo único que quiere es alejarse de esa espectral aparición. Incluso se ha olvidado del atizador de la chimenea, algo en su interior le dice que no servirá de nada golpearle con él… -No he podido evitar decírselo, quiero que esto dure un poco mas-

Arremete con todas sus fuerzas contra la primera puerta que ve, ni tan siquiera intenta abrirla, directamente la golpea con su hombro lanzada a la carrera. Mira fugazmente en su derredor e imagina que está en una cocina antigua: cazuelas dispersas sobre una amplia encimera, diversos utensilios colgados de ganchos en la pared… y una pequeña puerta cubierta de polvo al fondo.
No disminuye su carrera y se lanza contra la nueva puerta. Sale a un jardín exterior que en otro tiempo debió ser hermoso: árboles frutales, macizos de rosas , un estanque con una pequeña cascada y una enorme piscina. Este sin duda era el jardín que cualquier niña querría para jugar… pero no éste. El tiempo y la ausencia de cuidados lo habían convertido en una broma de sí mismo: los árboles estaban secos rodeados de sus caídos y putrefactos frutos, el estanque y la piscina cubiertas de limo y marchitos pétalos de las rosas, junto con una cargada atmósfera húmeda que le cortaba la respiración.
-¿Te gusta tu hogar? -le susurró una gélida voz al oído.
Se había olvidado completamente de la niña fantasmal. Comenzó a correr sin volver la vista, sabiendo a ciencia cierta que no tenía donde huir. Las lágrimas inundan sus ojos y no ve por donde va, aunque ya no le importa. Su corazón y espíritu están vacíos, ya no hay nada: miedo, esperanza, terror, rabia… todo ha desaparecido y lo único que queda es resignación. -Ya es mía-.

Resbala y cae a la piscina, un frío que quema le atenaza, no puede moverse y no siente nada. Sus ojos empiezan a pesarla y una extraña sensación de paz se apodera de ella. Todo ha desaparecido: piscina, jardín incluso la casa y su extraña gemela. “Ha debido ser un sueño”.
Ese es su último pensamiento y está bien. No sufras mas mi niña, nunca nadie podrá hacerte daño. Ahora eres parte de mí, y yo soy inmortal.



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